Viajamos a Colombia, elegimos pieza por pieza, y traemos a Asunción lo que nos gustaría tener en nuestra propia casa.
MoMar empezó con un viaje. Salimos a Colombia buscando algo para una vitrina y volvimos con tres valijas más de las que llevamos. La pregunta que nos vino en el vuelo de vuelta fue la que nos cambió la rutina: ¿por qué nadie está trayendo esto a Asunción?
No queríamos importar productos. Queríamos traer historias. Cada pieza que tocamos allá salió de manos colombianas que llevan décadas trabajando lo mismo — talleres familiares, mujeres artesanas, técnicas que pasan de madre a hija, materiales que se cosechan, se hilan, se trenzan. Eso no se replica en serie. Y eso es lo que faltaba acá.
Hace dos años arrancamos MoMar. Empezamos colocando piezas en los espacios más curados de Asunción — HolyHome, Vía Doce, Limón — y la gente respondió. Hoy seguimos eligiendo cada pieza a mano, una por una, en Colombia. No compramos por catálogo ni por kilo. Compramos lo que nosotras usaríamos.
Visitamos personalmente a artesanas y talleres en Colombia. Vemos cómo trabajan, qué materiales usan, y elegimos pieza por pieza. Sin intermediarios.
Lo que entra al catálogo ya pasó nuestro filtro. Cada pieza se viene con nosotras a Asunción, cuidada en su envoltorio original y revisada antes de publicarse.
Cuando escribís por WhatsApp, hablás con Moni o con Marga. No hay call center, no hay tickets. Atención directa con quienes seleccionaron la pieza.
Las piezas únicas se agotan. Si encontrás algo y dudás, escribinos: te decimos si todavía está y si hay otra similar.